El Peronismo: Presente y Futuro

CIRCULO 55
Por Silvano Pascuzzo

(Licenciado en Ciencia Política y Profesor de la UNLA)

Escribir sobre “Peronismo”, no siempre resulta sencillo. En los tiempos que corren – en los que parece avizorarse el retorno al poder de sectores neoliberales de pensamiento conservador – es imprescindible, sin embargo, intentar un análisis aunque sea provisorio, de la realidad y las perspectivas con las que cuenta hoy, el Nacionalismo Popular en la Argentina.

En el año 2003, Néstor Carlos Kirchner, inició un proceso de recambio, cuya idea central era la construcción – como en 1972-1973 – de un “Frente” electoral amplio, capaz de dotar a su joven Gobierno, de suficiente legitimidad y fuerza, como para superar el escaso 22% obtenido en las urnas, en el mes de abril. Necesitaba de ello, para encarar una salida exitosa a la crisis desatada dos años antes, luego de las rebeliones populares de diciembre de 2001.

Por ese entonces, el “Justicialismo” – como expresión político partidaria – se hallaba dividido entre “kirchneristas” y “anti kirchneristas”; no obstante lo cual, el PJ fue el eje articulador en torno al cual tuvo lugar la pelea entre el Presidente de la Nación y el ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y ex primer mandatario, Eduardo Duhalde.

El “Frente para la Victoria” surgió pues de un conglomerado variopinto de organizaciones sociales, sindicatos, partidos y agrupaciones “progresistas” y hasta individuos aislados, pertenecientes al mundo de la “cultura”; pero con una sola y excluyente expresión “territorial”: la representada por los caudillos del Conurbano y del Interior del país; que fueron quienes aportaron los votos para consolidar las reformas iniciadas por un dirigente poco conocido en el escenario nacional, pero expresivo – para quienes lo conocían desde sus inicios allá por los ochenta – de eso que muchos llaman despectivamente: “el aparato”.

Las transformaciones económicas y sociales del período 2003-2015, cambiaron el rostro del país y también el del Peronismo. La muerte repentina – inesperada – de Néstor Kirchner, en octubre de 2010; puso el “Liderazgo” en manos de su esposa, quien por razones personales, ideológicas y de contexto, intentó modificar el rol y la posición ocupada por el Justicialismo al interior de su propio armado político. Si para el ex Presidente, el PJ – y también la CGT conducida por el camionero Hugo Moyano – eran “el Toro que había que domar”; para Cristina Fernández, el futuro radicaba en el lanzamiento de una “Fuerza Propia”, que superara y rebasara, en los hechos, la identidad peronista de su Proyecto.

Cristina, y hay que aclararlo, nunca ha dejado de reivindicarse “peronista”, de eso hay múltiples testimonios, que invalidan la tesis, capciosa e interesada, que la coloca “per se” fuera de las tradiciones históricas del Movimiento fundado por Juan Perón. Por el contrario, ella representa mejor que nadie, incluso mejor que su esposo, a la “generación diezmada” por la Dictadura Genocida, con su bagaje interpretativo de la Historia del Peronismo y de sus elementos “dinámicos y retardatarios” que siempre lo han compuesto. Lo antedicho es tan innegable, que no nos detendremos demasiado en bizantinas argumentaciones al respecto.

Lo cierto es que, la ex Jefa del Estado desconfía de las “estructuras tradicionales”, esto es: de los políticos del aparato bonaerense y del interior mediterráneo, así como de los “jerarcas sindicales”; en una palabra, de eso que sus jóvenes adláteres llaman, con alguna no despreciable dosis de petulancia mal disimulada; el “Pejotismo”. Una visión que puede remontarse a las críticas – agudas e inteligentes, de John William Cocke a la “burocracia” del entorno, de 1952 a 1955.

Claramente, Cristina desea ser la “protagonista principal de la oposición al Macrismo” , depurando de sus propias filas a los “cobardes, traidores y timoratos”, apoyándose para un eventual retorno en 2019, en un esquema basado en actores no necesariamente peronistas y en la “Juventud”, entendida como “categoría política” central, a la hora de producir el siempre anunciado y generalmente demorado “trasvasamiento generacional”; única garantía para ella, de continuidad de la obra iniciada por su marido en mayo de 2003.

Frente a ésta inocultable intención, es lógico que quienes se saben “fuera del armado” busquen generar otras alternativas.

La emergencia del “Frente Renovador” en el año 2012 y ahora del “Justicialismo a secas” conducido por Diego Bossio; expresan el intento de articular a todos los sectores que ya no se sienten expresados por la conducción de Cristina, en torno a la idea de una “oposición responsable” como ellos mismos la califican; vertebrando alianzas de cúpula, que les permitan quebrar al Kirchnerismo en sus estructuras territoriales y sindicales.

Para la Jefa del FPV, sin dudas, los actos de estos ex colaboradores suyos, son de alguna manera, la explicitación práctica de una “profecía auto cumplida”, de allí su extraño y a la vez elocuente silencio.

Dos consideraciones nos obligan a hacer, tanto la actitud de los “disidentes”, como la de quienes se siguen reivindicando herederos del legado de Néstor Kirchner.

En cuanto a los dirigentes que “desconocen” su alineamiento con Río Gallegos, debemos decir en primer lugar, que no carecen de un espacio social en el que referenciarse, como lo demuestra el resultado de las elecciones de 2015, en donde Sergio Massa, obtuvo guarismos cercanos al 20% de los votos en la primera vuelta de la elección presidencial. En un corto plazo, entonces, buscan posicionarse como “alternativa seria” a la derecha conservadora, repitiendo el modelo “cafierista” de los años 80, como salida a lo que interpretan un error estratégico consistente en exasperar el discurso hacia la “izquierda”, en un escenario que creen dominado por un retorno al “pragmatismo” electoral de los 90; mientras en el largo plazo, intentan crear el continente para volcar porciones crecientes del Peronismo K en un armado conjunto hacia 2017, que cuente con un PJ y una CGT reunificados, detrás de “figuras jóvenes” que sinteticen lo mejor del Kirchnerismo, sin sus componentes confrontativos y dogmáticos.

Por el otro lado, la ex Presidenta y sus seguidores más convencidos, tienen todas sus fichas puestas en dos objetivos básicos: impedir la profundización de las medidas neoliberales del gobierno de “Cambiemos”; junto con el mantenimiento de la “polarización” electoral en torno a la figura de Cristina Fernández, a la que juzgan aún con el suficiente respaldo entre la ciudadanía, como para erigirse en la “Jefa natural de la oposición” , ante lo que evalúan como un seguro fracaso de la derecha y de sus políticas de ajuste y restructuración económica del país. Visión que incluye, obviamente, la consolidación de una “Fuerza Propia” depurada de elementos anteriores a 2003 y liderada por los jóvenes que llegaron a la política de forma masiva entre 2010 y 2013.

Es claro entonces, que el dato central que debe tenerse en cuenta para poder, con éxito, predecir el futuro del Peronismo y de las características del sistema político argentino, radica en la capacidad que tengan los empresarios y tecnócratas que rodean al Presidente Macri, para sostener en el tiempo un modelo de ajuste fiscal y salarial, cuya expresión más gráfica puede encontrarse en las declaraciones recientes de la Vice Presidenta de la República, Licenciada Gabriela Michetti, que pusieron como objetivo de su fuerza política, la conversión de nuestro país en una sucursal más o menos “aggiornada” del Sudeste Asiático, con salarios promedio de u$s 300 y una alta rentabilidad para el capital financiero y especulativo.

La Política – decía con pícara intencionalidad el ex Presidente Perón – es “como el tango, que se baila acompañado”.

Los éxitos y los fracasos del actual Gobierno, delimitarán el escenario de la reconstrucción del Peronismo hacia la tercera década del siglo XXI. Pero algo es inocultable: la división principal sigue estando en la confrontación de Populismo y Anti Populismo, a pesar de los setenta años transcurridos desde las elecciones de febrero de 1946. Negar ese hecho, puede ser fatal, tanto para quienes quieren construir un “Peronismo edulcorado y atildado”, que el fondo no será más que una copia descolorida del “menemato”; como para los que creen que los cambios sociales los fuerzan minorías esclarecidas, disciplinadas y dogmáticas, algo que la Historia – por no decir la vida misma – se ha cansado, en reiteradas oportunidades, de desmentir con hechos y no con palabras.

Como siempre, en síntesis – y ello debería festejarse – la decisión última y definitiva, estará en manos del “Pueblo”, que con sus ritmos y sus fluctuaciones, seguirá afortunadamente siendo el Soberano.

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