El Tratado Del Pilar y el acuerdo con los Buitres

CIRCULO 55

Por

Tomás Pérez Bodria

@tbodria

Abogado

El pasado martes 14 de marzo la Cámara de diputados de la Nación dio media sanción al Proyecto de Ley enviado por el Presidente Macri derogando las ley cerrojo y la ley de pago soberano, con el propósito de convalidar el preacuerdo que su gobierno alcanzó con el 3% del 7% de los tenedores de bonos argentinos que no ingresaron a los canjes de los años 2005 y 2010.

Ahora busca la sanción definitiva en la Cámara de Senadores de la Nación. Se trata de un giro de 180° en relación al rumbo seguido por los gobiernos kirchneristas, que ubicaron el nivel de endeudamiento externo en relación al producto bruto interno en el orden del 8 % (de los más bajos a nivel mundial) y, con ello, otorgar al país un nivel razonable de autonomía para la toma de decisiones políticas y económicas.

El nuevo rumbo pretendido por el Gobierno de Macri, por el contrario, persigue una política de fuerte endeudamiento externo, de cuyos resultados nefastos el país tiene certera experiencia desde los acuerdos con la famosa Baring Brother´s en época de Rivadavia hasta el megacanje de De La Rúa, pasando por el plan Prebisch tras la caída de Perón o el plan Martíinez de Hoz durante la dictadura militar instalada el 24 de marzo de 1976.

Para concretar su estrategia el gobierno macrista, que no cuenta con mayorías parlamentarias propias, desplegó una tarea de “seducción” de opositores, especialmente del mismo Frente para la Victoria. El diputado Diego Bossio, ex funcionario y fanático defensor de Cristina Kirchner y su gobierno hasta que se produjo el triunfo macrista, es la cara visible de la defección en diputados.

Otros dieciséis lo acompañaron conformando bloque aparte y algunos votaron a favor del macrismo sin dejar el bloque del Frente para la Victoria.

La extorsión a gobernadores votados en las boletas del kirchnerismo, cuyas provincias están sometidas al aporte discrecional de fondos por parte del gobierno nacional, al que muchos de ellos ceden gustosos bajo la excusa de la gobernabilidad, es la herramienta utilizada para que la media sanción se convierta en ley en la Cámara de Senadores.

Si la maniobra macrista es coronada por el éxito, habremos los argentinos asistido a una histórica defección de quienes se presentaban como severos cancerberos del Proyecto Nacional y Popular traicionando las políticas soberanas que decían defender y, a la vez, deslegitimando las bases mismas del sistema democrático, al dejar sin la debida representación institucional a una enorme masa de votantes.

El 1° de febrero de 1820 las fuerzas provinciales de Santa Fe y Entre Ríos, al mando de sus caudillos gobernadores Estanislao López y Francisco “Pancho” Ramírez, respectivamente, y el ejército porteño al mando del Director Supremo Gral. José Rondeau, se enfrentan en la batalla de Cepeda.

López y Ramírez respondían a un plan elaborado por quien era por entonces el “Protector de los Pueblos Libres”, el gran caudillo federal Gral. José Gervasio de Artigas, que lideraba la resistencia de las provincias, especialmente las del litoral, contra el centralismo porteño que las oprimía y resultaba servil de los intereses de Inglaterra y Portugal.

Tras la batalla, que ganaron las fuerzas provinciales, Artigas dio expresas instrucciones a López y Ramírez que le habían hasta entonces respondido fielmente, para que sólo firmarsen un acuerdo de paz con Buenos Aires bajo una serie de condiciones, siendo la principal de ellas la inmediata declaración de guerra a Portugal para poder recuperar la Banda Oriental, ocupada por esa potencia imperial desde el año 1817.

Ya en diciembre de 1819 Artigas había instruido con precisión a Pancho Ramírez en los siguientes términos: “No admitirá otra paz que la que tenga como base la declaración de guerra al rey Don Juan (emperador de Portugal)”. El derrotado General Rondeau fue destituido como Director Supremo y fue designado con el cargo de primer gobernador de Bs. As.

El astuto Manuel de Sarratea, el 23 de febrero de 1820, firmó el Tratado del Pilar con los gobernadores de Entre Ríos y Santa Fe, reunidos en el pueblo que diera nombre al tratado.

Los firmantes conocían para entonces la grave derrota que había sufrido el ejército artiguista en Tacuarembó, el 22 de enero de 1820 y, por ende, la urgencia que la declaración de la guerra a Portugal tenía para Artigas. Sarratea, conocedor de la miseria en que se encontraban las provincias, puesto que había sido causada por la propia Buenos Aires, ofreció a los caudillos litoraleños todas las ventajas que Artigas no podía asegurarles, puesto que él mismo se encontraba en semejante debilidad.

Por lo tanto ambos caudillos consideraron más apropiado traicionar al gran jefe oriental, aceptando para sus propias provincias las promesas que luego serían incumplidas, y firmaron el tratado pautando respeto y no agresión entre los firmantes, dejando así olímpicamente de lado la cláusula que al Protector de los Pueblos Libres más le importaba.

Al enterarse éste le escribió enfurecido a Ramírez lo siguiente:

“El objeto y los finales de la Convención del Pilar celebrada por V.S. sin mi autorización ni consentimiento, no han sido otros que confabularse con los enemigos de los Pueblos Libres para destruir su obra y atacar al Jefe Supremo que ellos se han dado para que los protegiese. Y no es menor crimen haber hecho ese tratado sin haber obligado a Buenos Aires a que declarase la guerra a Portugal, y entregase fuerzas suficientes y recursos bastantes para que el Jefe Supremo Protector de los Pueblos Libres pudiese llevar a cabo esta guerra y arrojar del país al enemigo aborrecible que trata de conquistarlo. Esta es la peor y más horrorosa de las traiciones de V.S.”

La historia se entrelaza y, con otros protagonistas, parece repetirse en muchos de sus tramos. La consecuencia de la traición de López y Ramírez fue la pérdida definitiva de la Banda Oriental y, puesto que Buenos Aires había sacado tajada en su provecho de la sumisión a que previamente había sometido a las provincias, con promesas de salvación que jamás cumpliría, lo que no supieron ver aquellos gobernadores triunfantes en los campos de Cepeda.

Todo derivó en su propia ruina y en el sometimiento de sus pueblos a los intereses del puerto.

En la actualidad el acuerdo con los buitres sólo puede concretarse si los gobernadores, a través de los senadores que les responden, se allanan a sancionar la ley que viene de Diputados, a cambio de las promesas que el macrismo les está ofertando para paliar la sequía económica a la que, previa y paradójicamente, el mismo gobierno central les ha generado.

Si se mira bien, salvando las circunstancias, los parecidos son relevantes. El pueblo argentino espera que la extorsión no prospere y estos gobernadores y senadores no posibiliten cediendo a la misma, no ya la pérdida de una de nuestras provincias, como sucediera con la Banda Oriental en el siglo pasado, sino la miseria que el nuevo ciclo de endeudamiento externo del país recaerá sobre varias generaciones de argentinos.

Ramírez y López pudieron pasar a la historia como algo más que dos importantes caudillos provinciales, honrando su compromiso con los Pueblos Libres y su Protector.

Ojalá nuestros gobernadores y senadores sean recordados por haber rechazado la extorsión del macrismo y prepondere en ellos el interés general de la Nación y su pueblo, así como el respeto al mandato electoral que los consagrara.

Entonces podremos afirmar con orgullo que la historia no se repitió. De lo contrario, es precisamente el juicio infalible de la historia el que caerá sobre los traidores.

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