Para hacer nuestra revolución, entre la sangre y el tiempo, optamos por el tiempo.

CIRCULO 55

Por

Gustavo Trindade

Concejal de Pilar,  Bloque ESPACIO ABIERTO.

 

Volver al peronismo

Para hacer nuestra revolución, entre la sangre y el tiempo, optamos por el tiempo

En los últimos tiempos, escuchamos cada vez con mayor frecuencia, voces provenientes del denominado peronismo histórico o tradicional llamando a la necesidad de “volver al peronismo”, es decir a sus raíces para recuperar su identidad.

Al respecto, existe una gran confusión en la mayoría de los argentinos cuando identifican al  Movimiento Nacional Justicialista  “El Movimiento”  con el “Partido Justicialista”.

Intentaré aclararlo lo más sintéticamente posible.

Cuando hablamos de  “el movimiento” nos referimos a las ideas es decir al pensamiento y cuando mencionamos de “el partido” nos referimos al instrumento que nos permite, en el sistema democrático  actual, participar en los procesos electorales para acceder al poder.

En la práctica, esto se entiende cuando vemos muchos dirigentes justicialistas, que integran “el movimiento”, diseminados en distintos partidos, en la inteligencia de no encontrarse representados por “el partido justicialista”.

No me equivoco al sostener que mas del 60 % de los argentinos se sienten identificados  con las ideas del Movimiento Nacional justicialista y ven en su creador, el General Perón, un gran líder político que supo conducir  ese gran movimiento de masas.

También sostengo que el General Perón, de haber vivido estos tiempos, ganaría las elecciones con  más del 60 % del voto ciudadano, como lo fue en las elecciones de 1974 donde dos de cada tres argentinos lo votaron, ello porque sus ideas mantienen vigencia y su revolución quedó inconclusa.

Aclarada esta cuestión, debo decir que como gran movimiento de masas con vocación de poder, tanto izquierda como derecha se han disputado su  pertenencia para imponer, “en nombre del peronismo”, modelos que nada tienen que ver con aquel movimiento creado por nuestro General.

“Peronistas son todos” los hay  “apresurados” y “retardatarios”,  como irónica y jocosamente  sostenía el general, en ese juego dialéctico propio de la campaña electoral  que lo llevó a ganar su tercera presidencia.

No debemos olvidar que aquel peronismo primigenio, que accedió al poder en el año 1946, estaba integrado por miembros del partido laborista, radicales de la junta renovadora, el forjismo, nacionalistas, conservadores, socialistas e independientes.

Pero una cosa es el gesto noble, abarcador y ecuménico de quien busca  incorporar a distintos sectores de la sociedad, invitándolos a participar en ese gran movimiento nacional, popular, humanista y cristiano y otra cosa  es, aprovecharse del gesto para desarrollar un entrismo  y utilizar al partido, como herramienta electoral,  para imponer un proyecto sustentado en ideas totalmente ajenas y hasta contrarias  a las que su fundador tuvo en cuenta.

Los peronistas debemos hacer un mea culpa y pedir perdón a la sociedad por haber permitido que inescrupulosos, corruptos, facciosos, violentos  y oportunistas de la mala política hayan hecho tanto daño  invocando nuestro nombre.

El optar por los que más necesitan buscando su dignificación a través del trabajo, nada tiene que ver con el clasismo de la izquierda dogmática y violenta que se beneficia con la falta de trabajo  y el empobrecimiento generalizado.

El asistencialismo a perpetuidad, no es inclusión social, es esclavitud, no eleva a la persona, la cosifica y excluye de la construcción diaria del bien común.

Para los peronistas el trabajo es un derecho y también una obligación, “hay una sola clase de argentinos: los que trabajan” “cada uno debe producir al menos lo que consume”  “de casa al trabajo y del trabajo a casa”.  La cultura del trabajo ha sido nuestra preocupación.

Afirmamos el concepto de propiedad privada pero en función social y reconocemos a la empresa como unidad económica por definición del sistema capitalista, pero conducidas por empresarios con responsabilidad social, comprometidos con el bien común, que es el bien de todos

Para hacer nuestra revolución, entre la sangre y el tiempo,  optamos por el tiempo.

Constituimos un movimiento poli clasista, por ser el hombre una criatura creada a imagen y semejanza de Dios, en lo esencial somos iguales y en lo accesorio nos distinguimos ya que El Señor nos ha regalado distintos  dones o capacidades que nos distinguen.

La movilidad social ha sido y es la razón de ser de nuestra existencia y esto se logra con igualdad de oportunidades.

Entendemos al hombre en su integridad, por ser materia y espíritu y  rechazamos a los totalitarismos y materialismo cualquiera sea su signo.

Rechazamos tanto a la llamada  izquierda dogmática porque  insectifica al hombre, convirtiéndolo  en un engranaje de un Estado opresor y también a la llamada derecha liberal adoradora del libre mercado,  que solo reconoce en el  hombre ser un costo más dentro del sistema capitalista de producción.

Como lector de los clásicos, siempre estuvo presente en el General Perón la idea de armonía, propia de la filosofía griega, armonía entre lo material y espiritual, lo individual y lo social.  Recordamos una de sus frases “todo a su medida y armoniosamente”.

No olvidamos nuestras banderas fundacionales, hoy patrimonio de todo el pueblo argentino, como la Patria Económicamente Libre, Socialmente Justa y Políticamente Soberana.

Sabemos que primero está la Patria, después el Movimiento y por último los hombres.

Volver al peronismo es volver al Perón del diálogo con todas las fuerzas políticas, al Perón que en Gaspar Campos se abraza con Balbín,  otro recordado líder de un gran partido centenario, quien deponiendo viejas rivalidades y sin renunciar a sus convicciones, con voz quebrada y ante el féretro del general, despide a un amigo. (**)

Volver al peronismo es volver a su esencia,  al pensamiento de su creador, el General Perón, pero al Perón descarnado y magnánimo,  el que dice que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino (*), aquel león herbívoro que retorna a su Patria dispuesto a entregar, lo más preciado que tiene un hombre, su  vida, por la unidad de los argentinos.

(*)  “…para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Del discurso del General Perón ante el congreso de la nación del 1/5/1974.”.

(**) “Este viejo adversario despide a un amigo”. Palabras finales del discurso de despedida que el Dr. Ricardo Balbín pronuncia en el congreso de la nación ante el féretro del General Perón el 4 de julio de 1974.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ernesto Camps dice:

    Extraordinario resumen del más puro pensamiento nacional, popular y critiano, representado en la Argentina por el justicialismo inspirado desde sus origenes en la Doctrina Social de la Iglesia. Felicitaciones!!! Ese es el camino a seguir.

    Me gusta

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