El Retorno de Cristina: frente ciudadano o ajuste liberal

CIRCULO 55
Por
Silvano Pascuzzo
(Licenciado en Ciencia Política y Profesor de la UNLA)

@silvanopascuzzo

 

El escenario político nacional ha vuelto a ponerse en movimiento. La aparición pública de Cristina Fernández de Kirchner en las puertas de los Tribunales de Comodoro Py, acompañada por una multitud de más de un cuarto de millón de personas, anuncia – por lo menos – la articulación de un espacio opositor, claramente enfrentado con las políticas económicas y sociales implementadas por el gobierno derechista del Ingeniero Mauricio Macri; al mismo tiempo que pone en tela de juicio la teoría – tan extendida entre círculos dirigentes del mundo sindical y político – de que la ex Presidenta ya no reúne los apoyos suficientes para continuar siendo protagonista de la vida institucional y política del país.

Por otro lado, el gobierno nacional – y también el provincial – han encontrado un escollo sumamente importante en sus respectivas estrategias: el Populismo – en todas sus expresiones – no ha podido ser eliminado del tablero, y por el contrario – herido ciertamente por la derrota – se reagrupa para iniciar acciones de articulación entre los sectores más afectados por el ajuste de salarios vía inflación y reacomodamiento de tarifas de servicios públicos esenciales. En una palabra, lo que se anunciaba como la hegemonía de los sectores liberales en la conformación del nuevo ideario colectivo, se ha trastocado – en apenas horas – en el retorno de la discusión programática y la infelizmente denominada “grieta”.

En segundo término, es imposible negar la impericia política de un Presidente acostumbrado al mundo de los negocios y a la siempre facilista posición del opositor, cuando intenta – trabajosamente – convertirse en un hombre de Estado. Macri es un personaje – a nuestro juicio naturalmente – carente de carisma, pobre en ideas y constantemente atenazado por inseguridades que se notan en sus expresiones orales y físicas. No conoce la actividad política desde dentro, pues ha sido en ese terreno, un aficionado con plata y un aparato comunicacional fabuloso, que lo ha ilusionado con la posibilidad de ser algo que nunca será. Asistimos, pues, a la emergencia de un nuevo “Rey Desnudo”.

tribunales 1

En tercer término, las consecuencias sociales de un Modelo inaplicable en un país como la Argentina comienzan a sentirse, y no solo entre los pobres; sino y también entre las clases medias bajas, los sectores acomodados y el grupo de “trabajadores aspiracionales”, que constituyeron sin dudas, el grueso de sus electores en el ballotage de 2015. “Cambiemos” empieza a sufrir los mismos desequilibrios que otrora sufriera la Alianza UCR Frepaso; desequilibrios surgidos de la contradicción inherente a una fuerza electoral que busca gobernar por derecha, escondiendo sus intenciones tras un discurso simplón y vacío.

Ahora es cuando más necesitaría el “Macrismo” de todas sus capacidades y de todas sus energías, y son precisamente éstas las que comienzan a escasear. Sus Intendentes no están pudiendo construir estructuras territoriales de sustentación y tampoco una imagen acorde con lo que sin dudas ha sido uno de los éxitos comunicacionales del PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la sensación de cierto dinamismo administrativo y la exhibición de obra pública.

El Peronismo, al mismo tiempo, se encuentra transitando por una profunda crisis identitaria y política. Sus dirigentes – sobre todo los caudillos territoriales y los jefes sindicales – carecen de la legitimidad necesaria para posicionarse como referentes sustitutos, luego de años de hegemonía Kirchnerista. Ni Bossio, ni Gioja, ni Urtubey, incluso ni siquiera Scioli; están consiguiendo el apoyo social e interno necesario para lanzarse a la disputa nacional con alguna posibilidad de éxito. Sólo Sergio Massa representa todavía una porción significativa del electorado, al menos potencialmente y sus manifestaciones públicas indican que no es de su interés inmediato dar la pelea por el PJ.

El retorno de Cristina vino, al mismo tiempo, acompañado con la idea de una construcción distinta. El “Frente Ciudadano” implica – como en otra nota señaláramos – la profunda convicción existente en la mente y en el corazón de la ex Jefa del Estado, de que las estructuras tradicionales se hallan agotadas, cooptadas por el poder económico y comunicacional de las corporaciones empresarias; y que el Kirchnerismo debe iniciar un camino diferente, sobre bases renovadas y sobre todo con una impronta mucho más decisiva en su comportamiento por parte de su persona.

Sin embargo, en el discurso realizado desde la puerta de los Tribunales, Cristina realizó a sus partidarios, varias advertencias vinculadas a la necesidad de salir del sectarismo, buscar el contacto con el Pueblo y sobre todo con quienes no votaron al FPV y ahora desean escuchar críticas y propuestas superadoras del Neoliberalismo macrista. Fue clara, no hay que agredir – dijo – sino persuadir y escuchar. Y aunque pueda parecer paradójico, ella misma asume que en su gestión – sobre todo en los meses finales – el Gobierno no pudo o no supo empatizar con la sociedad, a pesar de mantenerse fuerte y entero, quizás como ningún otro a lo largo de casi cuatro décadas de vida democrática.

La sociedad argentina debe definir en los tiempos que vienen, un dilema básico. ¿Desea volver a los 90, al consenso de Washigton y a las políticas de concentración del ingreso y de desmantelamiento de la industria nacional? O por el contrario, quiere vivir en un escenario diferente, con ingresos altos, trabajo estable y expansión de derechos sociales. Es claro que Cristina ha identificado esa cuestión con enorme claridad, y obliga con su bien conocida fuerza de voluntad y capacidad oratoria, a sus adversarios a ponerse a la defensiva, torpemente embarcados en el intento – banal y poco serio – de correrla de la escena con imputaciones ramplonas y falaces. Cegados por el odio, los anti populistas argentinos – hoy como ayer – brutalmente abandonan el terreno de la política para judicializar la figura de quien los ha colocado una y otra vez en contante ridículo.

En conclusión, es posible que asistamos a un retorno de la discusión programática y las fisuras entre bandos opuestos. Ambos – no sólo el FPV – intentan sostener sus estrategias diferenciando sus prácticas y objetivos con nítida y no disimulada claridad. El camino intermedio – intentado otrora por Scioli y ahora por Massa – parece achicarse a medida que el tiempo transcurre y que los efectos nocivos de la restauración neo conservadora dejan los primeros heridos. Sin embargo, será el Pueblo y no los dirigentes, quien desempate apoyando o rechazando los rumbos propuestos, en algo que lejos de sorprendernos, debería alegrarnos.

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