Las reglas del relato

CIRCULO 55

Por
Marta García.
Escritora.

En estos días se ha estado hablando respecto a la muerte de cinco jóvenes en una fiesta tecno a causa de la droga. Vagamente se habla de responsabilidades, siempre evitando los nombres propios. En su lugar, se habla de traficantes, dealers, jóvenes confundidos, padres ausentes, pastillas de super-héroes; cualquier cosa que contribuya al ruido y sume a la confusión.

¿Nadie ha sentido pánico ante la realidad? ¿No se han sentido indefensos? Yo sí. Cada día me levanto con una realidad que se va constituyendo a toda velocidad, con todo aquello que había aprendido sobre mí misma, mis derechos, mis obligaciones para con la sociedad, todo desmoronándose a mi alrededor. Quien tiene que gobernar, no solo ejecutando las leyes sino cumpliéndolas, se pone por encima de ellas. Las famosas sociedades off-shore, justificadas solo para evadir impuestos y tener que someterse a la legalidad que nos exige y ampara a todos los demás, son de uso frecuente de nuestro Presidente. El señor Macri alega que no son ilegales, no aclara que tampoco son éticas y que lo dejan por fuera de todas las reglas que debemos cumplir como ciudadanos.

Se enjuician gobernantes por acciones de gobierno, justamente, cosa que es de todo punto de vista anti-constitucional. La venta anticipada de un bien que podría o no aumentar su valor a futuro, no es más que una operatoria habitual de todos los bancos centrales del mundo. Lo que hay que revisar es si en esa operatoria el que vende es el mismo que el que compra. Hecha la revisión, no se encuentra este delito, lo que sí sucedió fue que el que compró fue el mismo que después aumentó el valor del bien. Allí estaría el delito. Pero esto no es juzgado.

Este doble discurso, el que se produce a una velocidad que dificulta el poder procesarlo, es el que causa el instinto de huida. El relato tiene como regla una introducción donde más o menos nos previene cual será el desarrollo, el desarrollo en sí mismo o nudo del tema y por fin el desenlace, el que dará sentido a todo lo anterior. Cuando esto no ocurre, entramos en un estado confucional.

Si estuviéramos leyendo un libro, lo abandonaríamos y nos prometeríamos no insistir con ese autor. Pero esto no es un cuento ni una novela, por eso podemos entender a la joven que, tres días antes de ir a la fiesta electrónica escribió un tweet que decía: “No veo las horas que llegue el sábado para irme a Plutón”.

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