Medios, aparato judicial y la derecha.

CIRCULO 55

Pablo Lescano (*).

Es sabido que los golpes cívico-militares fueron la principal herramienta que patrocinó Estados Unidos a lo largo del siglo XX para disciplinar a los distintos países latinoamericanos que no desarrollaran en su ámbito interno políticas conformes a sus objetivos y se alinearan con su política exterior en el marco de la Guerra Fría, como demostración de su hegemonía tanto a nivel regional como mundial, a pesar de la existencia de otra superpotencia como la Unión Soviética.

En los últimos tiempos, la estrategia de los golpes cívico-militares ha ido perdiendo fuerza. Basta recordar que el último fue el que depuso por horas a Hugo Chávez allá por el 2002. Secuestrado por los altos mandos militares, mientras el presidente de la asociación de empresarios tomaba su lugar, el pueblo ni bien se enteró de lo ocurrido tomó por asalto el palacio de Miraflores, expulsó a quien había tomado el cargo antidemocráticamente y en sus brazos repuso al presidente electo popularmente nuevamente en su cargo.

A partir de allí, acontecimientos de diversa envergadura se sucedieron en la región, pero uno merece ser destacado en estas líneas: el rotundo NO al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) gestado por Lula Da Silva, Néstor Kirchnner y Hugo Chávez, en la cumbre de las Américas en el año 2005. Luego de ese traspié que caló profundo, Estados Unidos buscó llevar adelante todo tipo de mecanismos para intentar retomar las riendas en la región y desplazar a los gobiernos progresistas.

chavez kirchner lula
No ALCA. Chávez, Kirchner, Da Silva.

Para ello se puso en marcha un dispositivo que contó (cuenta) con tres actores fundamentales: los medios masivos de comunicación hegemónicos, el aparato judicial y una derecha latinoamericana que tenía que ser presentada como despojada de todos los elementos del pasado reciente neoliberal que había fracasado estrepitosamente en la región, al menos en lo que hace al aspecto económico. ¿La estrategia? Un nuevo tipo de golpe: los golpes blandos. Los cuales consisten en generar un clima de inestabilidad para dar lugar a un juicio político (el impeachment) que provoque una salida destituyente.

Los primeros ejemplos de dicha estrategia fueron dos: los casos de Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay, en 2009 y 2012 respectivamente. En ninguno de los dos casos las acusaciones fueron comprobadas, pero no importó, la operación ya estaba montada y contaba con el aval del aparato judicial en ambos países. Imponiéndose, luego de un nuevo llamado a elecciones, gobiernos en su lugar que marcaron una regresión del proceso de tibias reformas antineoliberales (cabe aclarar que esto se debía a una correlación de fuerzas que no se expresaba a su favor) que habían iniciado los dos países.

Si a este cuadro de situación se le añade la situación de Venezuela, en donde la Asamblea ganada por la oposición en las últimas elecciones pretende dar curso a un proceso similar sobre Nicolás Maduro; el caso de Brasil, que por estas horas se debate en Cámara de Diputados si se da curso al pedido de juicio político contra la presidente Dilma Rousseff, pretendiendo también borrar a Lula del mapa político mediante su procesamiento; la derrota de Evo Morales en el referéndum del pasado 21 de febrero; y el triunfo de Mauricio Macri en las últimas elecciones en Argentina, podemos extraer como conclusión que se aguardan tiempos convulsionados para América Latina en su conjunto.

Donde una cosa ha quedado en claro: pese a las artimañas que se puedan tejer para inventar causas judiciales que recaigan sobre los líderes de este proceso de integración latinoamericana, se trata de una derecha que se encuentra acobijada por los medios hegemónicos de comunicación y una buena parte del sector judicial, patrocinada por los Estados Unidos, la cual posee una clara sed de revanchismo para acabar con las conquistas populares que se han logrado en la última década.

En el fondo de la cuestión, lo que se termina imponiendo es un claro odio de clase: dirigido a aquellos que eran considerados los nadies quienes, en la última década gracias a las políticas inclusión que generaron los distintos gobiernos progresistas de la región, volvieron a tener la suficiente dignidad para hacer oír su voz nuevamente y reivindicar cada vez más derechos. Vienen por todo, vienen para arrebatar hasta la palabra, la más poderosa herramienta de transformación. ¡Pero no pasarán!

* Profesor de historia
Integrante de la maestría en estudios sociales latinoamericano UBA
Militante de Peronismo Joven

 

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