Neo Liberalismo y Populismo

CIRCULO 55

Por
Silvano Pascuzzo
(Licenciado en Ciencia Política y Profesor de la UNLA).

 

El Escenario Político Actual y su Proyección hacia el Futuro.

El momento político actual, caracterizado por un avance de las derechas, no solo en la República Argentina sino también en toda la Región, pone de manifiesto las fortalezas y las debilidades de unos modelos económicos y políticos que, durante más de una década, transformaron positivamente el escenario social y cultural de nuestros pueblos, promoviendo como ejes centrales, la lucha contra la pobreza, el fomento de los mercados internos y el desarrollo con inclusión. Es momento de balances, incluso de autocríticas; pero fundamentalmente, es la hora de la reconstrucción de esos espacios, a los efectos de detener el avance de las políticas de ajuste y exclusión, abriendo con ello nuevas oportunidades para conseguir en las urnas los votos perdidos y retomar el rumbo iniciado a comienzos de la primera década del siglo XXI.

En Argentina, y como ya hemos expresado en otros artículos, la Alianza Cambiemos, muestra ya con crudeza y desparpajo, todo su furor anti populista y su visión empresarial de los problemas económicos y sociales. Es sin dudas, el Poder económico en el control del Estado, las grandes empresas locales y extranjeras entronizadas en los puestos públicos, por primera vez, de la mano del sufragio universal, secreto y obligatorio. Con su idea del “sinceramiento de la crisis heredada por una década de despilfarro”, el Presidente remeda los dichos de José Alfredo Martínez de Hoz al asumir como Ministro de Economía de la Dictadura Genocida, aquel luctuoso día de Abril de 1976; y por supuesto el discurso – menos conocido pero igualmente vejatorio de la más elemental de las inteligencias – pronunciado en Noviembre de 1955, por el Dictador Pedro Eugenio Aramburu. Es ni más ni menos, que la justificación discursiva de un hecho tan evidente como rotundo, la enorme transferencia de riqueza desde los bolsillos de los trabajadores y las clases medias, hacia los grupos concentrados y el capital financiero especulativo.

Es inocultable ya, ha cinco meses de haber asumido, que Macri representa a los sectores privilegiados de la sociedad argentina; aunque su base electoral exprese una múltiple cantidad de grupos, incluso numerosos pobres y excluidos. La mentalidad de los CEOS que ha puesto a administrar los destinos de todos, está definida por una brutalidad política impensada para quienes creían que la derecha había aprendido a disimular sus intenciones bajo el velo pudoroso de los globos y las canciones de moda. En el Poder, es la Corte de un “Rey Desnudo”, ignaro, superficial; pero no carente de conocimientos sobre las líneas maestras no sólo de los procesos sociales y políticos de su país, sino de lo que ocurre en el Mundo y en América Latina. La “ausencia de política” denunciada hace poco por el ex Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner Alberto Fernández, es una consecuencia natural de una ideología dogmática y poco realista, incorporada por el Primer Magistrado desde sus tiempo de alumno en el exclusivo Colegio Cardenal Newman.

Ahora bien, el Gobierno de los CEOS tiene una estrategia económica, en la que cifra todas sus posibilidades políticas para 2017 y 2019. Como toda ideología dogmática, la de los economistas cercanos al oficialismo, recomienda al Presidente mano dura y firmeza en la aplicación de las medidas de ajuste. Creen, como en 1955, 1966, 1976 y 1989, que si las presiones “distribucionistas” torcieran el rumbo hacia fórmulas de transacción con componentes “populistas”, el programa de largo plazo se derrumbaría aún antes de nacer, y las consecuencias para sí mismos y para sus patrones empresarios podrían ser tremendas, incluyendo la apertura de causas penales por estafa, lavado de dinero y evasión de divisas, menesteres en los que son hábiles especialistas.

Parar la inflación con desempleo y destrucción del poder movilizatorio de la clase trabajadora, es el objetivo inmediato. Ya no lo ocultan, ni a propios ni a extraños. Macri no miente ni desvaría cuando pide esfuerzos y sacrificios, pues sabe las consecuencias catastróficas de su modelo de acumulación. Hay que tomar seriamente lo que parecen imprudencias y calcular con objetividad sus profundas intenciones restauracionistas. Es reaccionario por sentimiento y vocación, aunque no tenga los perfiles académicos y el estilo culterano de sus mentores tecnocráticos y literarios.

La destrucción de puestos de trabajo y el cierre de industrias, es la primera de una de las numerosas estrategias de debilitamiento progresivo de los sectores populares, pensada y diseñada por los grupos de poder y sus socios de la política. No es para alegrarse, y tampoco para pensar – ingenuamente – que toda “crisis social” es naturalmente “generadora” de “resistencias populares”. Hemos aprendido, dolorosamente, que la variable electoral es la clave de la acumulación de poder en Democracia, y que sin fuerza en las urnas es imposible realizar cualquier transformación, por mínima que sea. Y es allí, pensamos, donde el “Macrismo” es más débil, pues sus “medidas de sinceramiento” impactan no sólo sobre los más pobres, sino sobre dos de los sectores sociales que constituyeron en 2015 la base de su poder electoral: los trabajadores aspiracionales y las clases medias urbanas y suburbanas.

Cambiemos es una fuerza minoritaria. En Octubre del año pasado, no pudo superar el 35% de los votos válidos. No dispone de una estructura de representación sólida, estable y unificada, en ningún distrito del país, excepto la Ciudad de Buenos Aires; y es, como todo el Anti Populismo, una fuerza que se mueve mejor en la oposición que en el poder. El Radicalismo es un aliado inestable, empobrecido por años de desaciertos y mezquindades, que sólo lucha por mantener escuálidos espacios desde los que negociar migajas en el festín del empresariado y sus socios del Liberalismo vernáculo.

Las intendencias manejadas por el PRO, están teniendo graves dificultades para implementar lo que parecía el eje de su dispositivo en materia de políticas públicas municipales: las obras de infraestructura, los asfaltos y las cloacas y el embellecimiento de los espacios verdes, una estrategia exitosa en la Ciudad de Buenos Aires, desde el minuto cero de la administración de Mauricio Macri. Un retroceso en su caudal de votos – sobre todo en la Provincia de Buenos Aires – puede colocar al Gobierno en un callejón sin salida, no sólo al carecer de apoyo en el Congreso, donde sus mayorías circunstanciales dependen mucho de la sensación de fortaleza del Presidente y sus Ministros frente a los vientos cambiantes de la opinión pública; si no también al perjudicar seriamente las chances de la Gobernadora Vidal y de los jefes comunales asociados al proyecto nacional del oficialismo.

En el campo opositor dos datos resaltan sobre el resto: la reorganización del Sindicalismo y el desplazamiento del Frente Renovador hacia posiciones más críticas y distantes del programa gubernamental. Por un lado, los caudillos de los grandes gremios estatales e industriales y de servicios, avizoran un escenario difícil para su hegemonía al interior de sus propios espacios de poder, en la medida en que se extiendan el desempleo, los despidos sin causa y la desisndustrialización producida por la brutal apertura importadora decidida en enero. Temen, todos sin distinciones de fondo, a las presiones de un cuerpo de delegados formado y catapultado a la militancia social por un Proyecto Nacional y Popular que se encuentra amenazado, y por un virtuoso proceso de ampliación de la demanda que amplió el horizonte de los trabajadores, y los puso en situación de identificar con ciertas chances de éxito, las amenazas a su estabilidad laboral y sus posibilidades de ascenso social. Por el otro, unos políticos asombrados por la crudeza, virulencia y brutalidad del ajuste aplicado por Macri y poco dispuestos ya a aceptar sin críticas y gestos díscolos, las disposiciones emanadas de la Casa de Gobierno y el Palacio de Hacienda. Sergio Massa y Diego Bossio, ya no sienten tan seguro el suelo bajo sus pies. Encuentran que la “calle del medio” ya no es tan amplia ni se encuentra tan despejada de baches y obstáculos diversos, y que la polarización impuesta por la dogmática reforma lanzada desde las oficinas públicas y los despachos gubernativos, puede eventualmente carecer más temprano que tarde de los necesarios apoyos, restando con ello posibilidades de construir una oposición complaciente y “moderada”.

Esta situación mejora sin dudas las chances del Kirchnerismo, no solo de sobrevivir a los ataques combinados de los jueces opositores, sino también para posicionarse ante el público en general como la única y verdadera oposición al Modelo implementado por la Derecha.

En todo esto, sin embargo, es de enorme importancia la figura de Cristina. Su visión del escenario estratégico y de la coyuntura, la lleva a confirmar viejas y meditadas certezas. Por un lado, su desconfianza crónica hacia los caudillos territoriales del Partido Justicialista, a los que considera cooptables y fácilmente seducibles por las presiones del Poder concentrado y sobre todo de los medios de comunicación. La ex Presidenta está convencida de que ellos y los líderes sindicales la quieren “fuera del juego”, pues representa un obstáculo para sus ambiciones de cara a 2019.

Interpreta, a nuestro juicio correctamente, que la lucha contra el Neo Liberalismo requiere algo más que punteros y estructuras tradicionales, que necesita de un “Frente” que aglutine a “todos aquellos que sientan que vivían mejor antes del 10 de diciembre de 2015”. Es un reflejo de sus ideas juveniles – a las que nunca ha renunciado – pero también de su intuición, acerada por años de ejercicio práctico del poder y por experiencias personales, más o menos dolorosas.

Es muy claro que tiene Cristina un caudal de votos que en todas las estimaciones supera el 30%. Con esa base, a la que juzga convencida, estable ideológicamente y movilizada por estructuras fieles a su liderazgo y a su persona, confía en poder acorralar a sus adversarios de adentro y de afuera, instalando su nombre en la competencia por una banca legislativa que la catapulte sin escalas hacia Balcarce 50.

No es la esposa de Néstor Kirchner una mujer fácilmente domesticable, es seguro que dará pelea y que su fuerza de voluntad innegable, su espíritu combativo y su inteligencia y formación intelectuales, muy superiores a los del resto; la dotan con una serie de ventajas que pueden en un escenario desfavorable para el Gobierno, reinstalarla como firme candidata a un tercer mandato a partir de 2020.

Negar estas consideraciones – como lo hace una parte del oficialismo – es no solo un acto suicida, si no una enorme ausencia de sentido común. Seguimos insistiendo con la idea, varias veces confirmada por hechos concretos y observables, de que la polarización favorece al Kirchnerismo más que a Cambiemos, y que la pelea y la discusión abierta sobre programas y estrategias de fondo, es el termómetro preferido del Nacionalismo Popular para ensayar su retorno triunfal al Poder. Si el Frente Ciudadano terminara consolidándose en una alternativa electoral robusta y con presencia nacional, y obtuviera al menos un segundo puesto en 2017, el oficialismo estaría al borde de una hecatombe parlamentaria y en los prolegómenos de una crisis interna de carácter irreversible; mientras que sus opositores más firmes, dispondrían de una sobrevida de dos años para intentar superarlo en las urnas con la carta de la figura incólume y victoriosa de su Jefa.

Todo depende pues de la capacidad de los actores para contener y conducir a los grupos sociales – los oficialistas, los opositores y los que no tienen definiciones políticas e ideológicas claras y definidas – hacia un horizonte previsible y claro.

El Gobierno espera milagrosas consecuencias de su estrategia de “shock” y de su “sinceramiento” de precios relativos; el Massismo confía en la “moderación estructural del electorado de clase media” y el Kirchnerismo y sus aliados, espera que su Líder indique el momento y la oportunidad para pelear de frente y en terreno favorable, contra lo que juzga un retroceso peligroso hacia el abismo del que saliéramos trabajosamente a partir de 2003.

El tiempo irá develando quienes están acertados y quienes han perdido la oportunidad de cambiar para bien o para mal, el inexorable rumbo del país hacia una nueva crisis de carácter estructural.

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