No alcanza con tener el Gobierno.

CIRCULO 55

 

Por
Silvano Pascuzzo
(Licenciado en Ciencia Política y Profesor de la UNLA).

 

Gustave Dore - Rio cocito - Antenora
Dante y Virgilio en el Cocito (Ilustración de Gustave Doré). En el Río Cocito, se castigaba a los pecadores, culpables de traición y en la sección de Antenora a los traidores a su patria, enterrados hasta la cintura, con la parte superior del cuerpo expuesta a los vientos fríos infernales.

Los acontecimientos recientes, las investigaciones vinculadas al llamado “caso López” y la detención en la República de Paraguay del narcotraficante Pérez Corradi, han desenfocado -esperemos que transitoriamente -la discusión política en la Argentina. La aplicación de medidas económicas de inspiración neoliberal, la caída vertiginosa en los niveles de consumo, la apertura importadora, el ingreso al Bloque del Asia Pacífico y el tratamiento por parte del Congreso de un Proyecto de Ley destinado a sancionar con un velo de olvido la evasión impositiva de los empresarios vinculados al capitalismo financiero global, así como el desfinanciamiento de la Seguridad Social; han salido de la agenda mediática, para posibilitar lo que para los sectores liberales es una necesidad imperiosa: eliminar del escenario político a Cristina Fernández de Kirchner y a sus partidarios de cara a 2017.

Medido en términos de coyuntura, la jugada ha sido audaz y muy efectiva en materia de impacto sobre una población desconfiada frente a todo lo que venga de la política y los políticos. No se puede negar que el Gobierno ha logrado frenar los embates socialmente organizados de la oposición y de los sindicatos, con escaso esfuerzo de su parte. A Hugo Moyano lo tiene entretenido con su “nuevo juguete”, la AFA y al Frente Renovador ilusionado con la promesa firme de tolerarlo como la “única oposición seria y responsable” – en términos más claros, blanda y concesiva – y agreguemos, mediáticamente controlada. Es evidente que el Macrismo ha obtenido una tregua, veremos si suficiente para implementar con cierta rapidez y eficiencia sus planes de fondo.

La ofensiva mediática y judicial contra la ex Presidenta – que de eso se trata – es sin dudas una carta importante en la estrategia de la Derecha para desactivar toda protesta social de envergadura y para erradicar toda propuesta alternativa al modelo de acumulación neoliberal. Saben sus personeros, que sin dirigentes dispuestos a dar batalla en defensa de ciertos valores y realizaciones, el dominio sobre el conjunto de la sociedad que hoy ejercen, quedará consolidado.

No es posible ignorar las implicancias que podría tener la desarticulación definitiva del “FPV” como frente político y social: la fragmentación y dispersión de las fuerzas populares, será simultánea a la muerte de todas las organizaciones del campo popular. Los que festejan, sólo pueden ser dos cosas: oportunistas o socios del saqueo del país, ya en marcha.

Las responsabilidades del liderazgo, son no obstante, inocultables. Cuando aparecen funcionarios relevantes del Gobierno anterior en situaciones que denotan mecanismos de corrupción estructurales, la confianza y las perspectivas de futuro se desmoronan. No es posible justificar a estos personajes, que lamentablemente fueron los responsables de áreas muy significativas de la gestión saliente, al ser los encargados de distribuir los cupos para la obra pública. Es muy significativo que López y Báez, sean los denunciados, ya que debieron haber compartido seguramente muchos secretos con sectores del empresariado más poderoso del país, y mucho más que eso, enormes negocios. No se debió haber alimentado – intencionalmente o no – a estos figurones, que son y fueron funcionales al avance neo liberal de los últimos años. Y todo esto, es obvio, implica fuertes responsabilidades políticas por parte de Cristina Fernández de Kirchner.

No sería sin embargo equitativo, responsabilizar sólo a la “conductora” de los errores y desaciertos del Peronismo y sus aliados lo largo de más de una década. Venimos insistiendo, desde estas columnas, en la ausencia de “poder social organizado” para contraponer a la fuerza desplegada por los sectores corporativos y por el capital financiero. Se confió mucho en la estructuración de “organizaciones de cuadros” y en la potencialidad del sector público como dinamizador del consumo y el crecimiento económico; pero no se tuvo la inteligencia o la vocación para traducir programas y políticas públicas, leyes y decretos, en la modelación de una Sociedad Civil más vigorosa y fuerte, más atenta y menos inerme ante los embates del poder mediático y los confusionismos ideológicos sistemáticos. Se promocionó a supuestos “leales” que a la postre – como siempre ha ocurrido en todas las épocas y lugares – resultaron ser apenas arribistas sin valores y oportunistas acomodaticios, que ahora, cuando el calor del Poder institucional calienta otros hogares, intentan impúdicamente esconder sus fortunas mal habidas detrás de paredones conventuales o anunciando a los cuatro vientos que lo que un día dijeron amar y defender “se ha terminado” sin que les mueva a preguntarse tan siquiera ¿Cómo y por qué?.

Esto no significa – y es oportuno dejarlo claro – que estemos de acuerdo con la “sorprendida y cándida” pose de amplios sectores sociales ante las denuncias de un periodismo canalla, hipócrita y manipulador. La corrupción es un hecho – aquí y en todo el mundo – y eso lo saben casi todos los que más o menos atentamente siguen los acontecimientos políticos con algún grado de detalle.

Escuchar a muchos – provenientes del sector privado, de la función pública o del mundo de la prensa oral o escrita, e incluso a ciudadanos de a pie– juzgando la realidad con “Las Tablas del Sinaí” en sus manos, habla muy pobremente de amplias porciones del cuerpo social argentino, de su histrionismo exagerado, de su falsa moralina, de su posición prescindente ante las grandes cuestiones estratégicas y frente a latrocinios superiores a éstos; en fin, de su simplismo ramplón.

No están en el Gobierno un grupo de monjes mendicantes, sino que ocupan los principales cargos públicos, personajes que durante cuarenta años ayudaron a saquear el país de modo obsceno y despreocupado. Un hecho, cuando menos, preocupante.

No equivalen tampoco nuestros dichos, a la justificación miserable de los “propios” por ser “los menos malos” o simplemente parafraseando a Franckin D. Roosevelt, por ser “los nuestros”. Tratamos de colocar el debate en el campo de lo político, sacándolo del fango en el que predominan el chisme, la denuncia sin pruebas y los escándalos como armas arrojadizas en la disputa por el favor de la prensa.

Es claro que hace falta remarcar, hoy más que nunca, que los compromisos deben ser asumidos en torno a ideas más que en torno a personas, por más inteligentes y valientes que sean. Los liderazgos en Democracia – en realidad siempre – son mucho más breves que la Historia de un Pueblo o de un país; y superar los límites de ese liderazgo es la clave para la perduración en el tiempo de todo proyecto colectivo.

En este sentido, es clave visualizar el escenario político, con la mirada puesta en la lucha por la defensa activa de los derechos sociales amenazados por el Macrismo. La vía intermedia – propuesta por Sergio Massa, Diego Bossio y ahora, por algunos conversos del Partido Justicialista – es dudosamente implementable en las condiciones imperantes hoy.

Creemos – sin temor a equivocarnos – que esconde solamente las apetencias electorales de algunos dirigentes opositores, y la búsqueda banal de un espacio pequeño de sobre vida, para personajes cuyo único capital político fue caminar los pasillos de la Casa Rosada y de algunos Ministerios a lo largo de toda su carrera. Eso no asegura una victoria en 2017, sólo las bancas legislativas de un puñado de políticos mediocres, sin objetivos estratégicos y sin valores. Más de lo mismo.

Tal y como lo señalara recientemente el Papa Francisco, el “Liberalismo Conservador” es sin dudas, incompatible con la Democracia en el largo plazo. Esa definición nos obliga a repetir, con la convicción que nos da una vida lo suficientemente larga como para aprender de la experiencia, que sin fuerza social organizada no hay Proyecto Nacional y Popular exitoso.

Los dirigentes locales y sociales – los cuadros intermedios de Perón – tienen de aquí en más un enorme desafío: construir referencias en los ámbitos en los que se mueven más que en los estratos altos de la superestructura institucional, apelando a su ejemplo y a su prestigio con los vecinos y los trabajadores de a pie. Eso representa al menos una alternativa frente a la indiferencia y la colonización mediática de las mentes, que es la estrategia de la derecha.

Sin líderes en los que poder confiar por su cercanía y por su autoridad ganada en la defensa de lo cotidiano, difícilmente superaremos los enormes obstáculos puestos por estructuras caducas e irrepresentativas, silenciosas ante la injusticia, la destrucción del trabajo y la arbitrariedad desprejuiciada de los CEOS a cargo del Estado.

Si algo enseñaron doce años de Kirchnerismo – con sus luces y sus sombras – es que no alcanza con tener el Gobierno para dar forma en el tiempo a un país más justo.

Hace falta robustecer la Sociedad Civil con representaciones legitimadas por medio de construcciones colectivas que consigan además de votos – que vendrán naturalmente -. el entusiasmo y el compromiso de una mayoría activa y preocupada por la defensa de lo cotidiano, desde donde luego poder defender derechos abstractos y políticas económicas de largo aliento. Esa es la única vía posible para encarar el futuro, con algún grado de optimismo y esperanza.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. María Victoria Valdés Rodda dice:

    Excelente. Aprendí mucho de la realidad argentina y sus complejidades. Y estoy de acuerdo con que la concientización popular y amplia, y su activismo político, es esencial para la victoria. La desmoviliazción del pueblo es fatal proque el poder mediático es terrible. Desde Cuba reciba mi agradecimiento.

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    1. Gracias María Victoria por leernos. Abrazo!

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  2. Silvano Pascuzzo dice:

    Gracias por tus conceptos. Es clave construir poder social organizado capaz de contrarrestar el Poder de las corporaciones. Si no se hace eso, los gobiernos populares serán siempre experiencias truncas. Un abrazo grande.

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