No Hacer porque Nadie lo Hace.

CIRCULO 55

Por
Lic Silvano Pascuzzo.

 

 El rol de los dirigentes en la reconstrucción del campo popular.

El proceso político en Argentina continúa siendo analizado por los columnistas y periodistas de los grandes medios, por los funcionarios del Gobierno y por una porción no menor de la dirigencia opositora, como una sucesión de “escándalos”. Esa manera de mirar la realidad, y consecuentemente de interpretarla, es el producto de una mentalidad cortoplacista, acostumbrada a pensar desde presupuestos escasamente conciliables con una visión estratégica del mundo, la región y el país; tanto más necesaria hoy, a consecuencia de las crisis y las profundas mutaciones en las que se halla inmerso el orden internacional y el capitalismo financiero globalizado.

En ese sentido, el Gobierno de Mauricio Macri, embarcado en una batalla durísima contra el Kirchnerismo y sus dirigentes más relevantes, está comenzando a sufrir – en medio de la espuma de los titulares de los grandes diarios y los zócalos de la televisión – las primeras consecuencias negativas de sus propias políticas. La cuestión de los “subsidios” a las empresas licenciatarias de servicios públicos concesionados en la década de los 90 por muchos de los mismos funcionarios que hoy los critican; desnuda los vínculos estrechos entre altos cargos públicos – gerentes o ex gerentes de corporaciones – y las empresas trasnacionales con inversiones en el país.

Estos individuos acostumbrados a la simple tarea de administrar los bienes de sus mandantes, demuestran que son incapaces – por su dogmática visión del mundo y por su notoria estrechez intelectual -. de calibrar el verdadero impacto político que el “sinceramiento” económico va a tener y está teniendo entre sus propias bases de sustentación electoral.

Es evidente que el “Neoliberalismo” tiene como talón de “Aquiles” su incapacidad para convivir con una “Democracia” de alta intensidad, caracterizada por un grado considerable de cohesión  y de organización  social activa. Es “desmovilizante” porque concibe  a la comunidad como un conglomerado de individuos egoístas.

Pero es menos clara su profunda debilidad política, en el sentido de su patológica carencia de aptitudes para articular intereses diversos en situaciones de conflicto.  Sus personeros – Ceos e intelectuales orgánicos de “fundaciones privadas” – aplican la lógica del “gerenciamiento” a todas las situaciones y a todos los campos, sin reparar en costos ni en hipotecas, a la postre impagables.

Los “hombres de la política” son vistos como aliados molestos por unos personajes anodinos y lineales, acostumbrados a los avatares de la vida burocrática más que  a los azares vertiginosos de la construcción territorial. Los políticos son en el banquete, los primos pobres sentados en la mesa del rincón peor iluminado.

Muchos aspiran – o creen – que ésta experiencia derechista tendrá un final explosivo y trágico. Los fantasmas de 2001 rondan sus imágenes futuras del país y jalonan sus argumentos con deseos voluntaristas, que avizoran la tediosa repetición de profecías autocumplidas.

Para quien esto escribe – que nos es ni alquimista ni adivino, y mucho menos partidario del oficialismo – el perfil de la actual administración parece modelarse o prefigurarse de otro modo. El Gobierno de Sebastián Piñeira en Chile, tiene más puntos de contacto con éste de Cambiemos, que los de Juan Carlos Onganía y Fernando De La Rúa.

Creemos que el final del Macrismo será producto de muchas de sus características ingénitas, absolutamente consustanciales con su naturaleza: ausencia de convicción para afrontar los obstáculos, temor ante los “periodistas estrellas” de los grandes medios, baja tolerancia a la crítica, incapacidad de sus líderes para dirimir su doble papel de administradores de bienes públicos y de negocios privados, a favor de las necesidades imperiosas de sus socios empresarios y no del interés comunitario.

Seguramente termine diluyéndose por sucesivas derrotas electorales, más que cayendo por efecto directo de una gran rebelión popular. Es posible que le sean negados hasta los fuegos fatuos de su propio funeral.

Todo esto será facilitado, sin dudas, por la carencia congénita de la sociedad argentina para dotarse – luego de más de tres décadas de Democracia – de fuertes organizaciones territoriales y sociales ampliamente representativas, una de las características que tuviera antes del trágico 24 de Marzo de 1976.

La anomia y la fragmentación, el individualismo pusilánime y la auto negación, se cuentan entre las herencias más pesadas de la “Dictadura Genocida”.

El Kirchnerismo no pudo – aunque manifestara quererlo – superar ésta situación, apelando a la generación de líderes locales investidos de real representación. Estuvo – más en los años de Cristina que en los de Néstor – muy influido por cierto “intelectualismo progresista”, demasiado afecto a compartir paradojalmente con sus adversarios de la derecha, un apasionado simplismo mediático.

Usó hasta el hartazgo de los eslóganes de verbalización fácil y concreción mucho más compleja; mientras carecía de vínculos firmes con los ciudadanos de a pie, los referentes sociales territoriales surgidos de los barrios y de los lugares de trabajo, acostumbrados a lidiar con los “problemas cotidianos” de la “gente”. Una carencia, que ahora evaluamos como una de las más serias y graves.

Serán los propios votantes de Cambiemos, esos ciudadanos independientes y crónicamente desconfiados de todo aquello que huela a público, los que formarán primero las huestes del incipiente “anti macrismo”. Son ya sus víctimas principales en materia de tarifas, son los dueños de las Pymes y los comercios ahogados por la ausencia de consumo y la apertura importadora, son los que deseando “competir en un mundo competitivo”, quedarán al margen, a raíz del peso específico que frente a éste Gobierno tienen las multinacionales y las grandes empresas oligopólicas.

Son – en síntesis – la audiencia crédula de esos medios de comunicación masivos que viven atosigando su conciencia tortuosa con denuncias, escándalos, frivolidades y reflexiones sesudas en contra del intervencionismo estatal, el dispendio demagógico y la presión tributaria; audiencia compuesta no sólo por los sectores medios acomodados, sino por crecientes grupos de trabajadores formales e informales, y que contiene en su interior multifacético, todas las tendencias, todas las modas y todas las expresiones socio culturales. La apatía ciudadana y la indignación hipócrita, son al igual que el denostado “Populismo”, un fenómeno ostensiblemente “pluriclasísta”.

De ésta manera, es posible reconocer en ciertas ambivalencias de los actores políticos y sindicales, sus temores y sus dudas en torno al apoyo que recibirían de una “sociedad apática y apolítica”, si se decidieran a liderar en la calle y en los barrios, la oposición a las políticas del Macrismo.

La evidencia de que miles de personas estaban dispuestas a movilizarse en contra del ajuste, los despidos y la apertura indiscriminada de la economía, no alcanzó para convencer a los jerarcas sindicales de todas las tendencias, para que abandonaran sus peleas estériles y sus ambiciones de corto plazo, en beneficio de una estrategia alternativa a la representada por los gerentes a sueldo del Estado que conforman el plantel de funcionarios de la coalición Cambiemos. Su retracción y sus ambigüedades, luego de poner 300.000 personas en la calle, demuestran sus incapacidades notorias para “representar” no tanto a sus organizaciones como a los trabajadores de carne y hueso que deberían formar parte de ellas.

La teoría de que “nadie se anima, porque nadie lo hace” es además de un planteo tautológico, una renuncia deliberada a representar a quienes los han colocado en su rol indelegable de dirigentes sindicales. Una pésima actitud, en un momento en el que el oficialismo presenta tantos flancos débiles y tantas contradicciones.

Lo mismo puede decirse de Cristina Fernández de Kirchner y de los dirigentes que suelen mostrarse como sus principales espadachines mediáticos. Cuando en las puertas de un juzgado en Comodoro Py, la ex Presidenta convocaba al Pueblo a conformar un “Frente Ciudadano contra el Neoliberalismo”, su talla como dirigente parecía haber crecido al calor de un acompañamiento multitudinario de organizaciones de militantes, trabajadores agremiados y ciudadanos de a pie, deseosos de oponerse a los intentos deliberados de perseguirla y correrla de la competencia electoral de cara a 2017. Sin embargo, el caso López y sus derivaciones mediáticas, sumieron a Cristina en un osco mutismo, seguido por una incomprensible catarata de argumentos jurídicos de carácter auto referencial, difundidos no en la plaza pública, sino a través de las redes sociales. En lugar de dejar en manos de su abogado -el Dr Eugenio Zaffaroni –  esa tarea árida y técnicamente confusa, se puso a polemizar con jueces corruptos e imparciales y con periodistas a sueldo de los servicios de inteligencia y de las grandes empresas capitalistas, desdibujando con ello – de un modo desconcertante – el efecto positivo conseguido hacia apenes unas semanas por la marcha multitudinaria en su defensa.

El esgajamiento de los bloques legislativos del FPV, las cabriolas discursivas del Movimiento Evita para justificar sus relaciones a plena luz del día con ministras de apellido británico, así como los desmarques escandalosos de algunos gobernadores; manifiestan la ausencia de liderazgo, pero también algo mucho más grave: la distancia de todos esos actores con relación a  las pulsiones sociales masivas y a los problemas capitales del país como “colectivo social organizado”. Son actitudes especulativas poco decorosas, que demuestran la incertidumbre, la ignorancia y la falta de tacto de muchos que otrora juraban lealtad eterna a un proyecto que lejos de estar pulverizado, obtuvo más del 49% de los votos en las elecciones de Noviembre de 2015. Nada justifica el apoyo de ciertos senadores y diputados a las leyes que abren la puerta al vaciamiento de los fondos previsionales, si siquiera los errores de Cristina y la visión espeluznante de López entrando a un convento con valijas llenas de dólares, luego de haber formado parte durante más de una década de un Gobierno que hizo del control de cambios y el ahorro de divisas, una Fe públicamente profesada y un baluarte de resistencia ideológica.

Es interesante a la vez, analizar los movimientos y las declaraciones públicas de Sergio Massa, Felipe Solá y Alberto Fernández, entre otros dirigentes del Frente Renovador, cada vez más duras en contra de los tarifazos, la inflación, la ausencia de sensibilidad social y los supuestos “errores” de implementación del llamado “sinceramiento” de la economía argentina.

Es que parecen haber tomado nota del achicamiento de la “vía intermedia” que estaban transitando desde el minuto cero de la gestión de Mauricio Macri. El ex Intendente de Tigre quiere ponerse al frente de un Partido Justicialista (PJ) unificado y conducir desde ahí una operación riesgosa pero para él inevitable: aislar a Cristina del resto del sistema político; asumiendo que uno de los costos de la misma, es arriesgar y posicionarse como un “opositor” decidido y firme a las políticas neoliberales en marcha. Una tarea, para la que no tiene ni condiciones naturales ni verdadera vocación política; o al menos eso parece a la distancia.

El país afronta pues un enorme desafío. ¿Podrá la sociedad argentina superar exitosamente la prueba frente a la que la puso su voluntad soberana libremente ejercida? ¿Tendrá – como decía Juan D Perón -.los suficientes anti cuerpos como para combatir las tendencias crecientes que en ella imperan desde 1976, en el sentido de un aumento de la anomia social, el individualismo y la carencia de valores cívicos? Dudas que nos permitimos formular, preocupados por los efectos evidentemente nocivos de un gobierno que ignora deliberadamente las consecuencias sociales de sus políticas ortodoxas.

 El Kirchnerismo cometió errores serios, incluso faltas imperdonables, pero el Macrismo no es, ni fue nunca, la alternativa posible en la dirección de un “cambio virtuoso con continuidad”. Lo sabían quienes votaron a Mauricio Macri en el “ballotage” de noviembre, y sin embargo priorizaron otras cosas, otros valores y otros objetivos.  Deben saber ahora, que la Democracia incluye la posibilidad de auto corregirse, y que el voto no es sólo una “obligación cívica”, sino también un acto de ejercicio responsable, que tiene consecuencias sobre uno mismo y también,  sobre los demás.

En una palabra, y reiteramos algo que ya hemos dicho en columnas anteriores, la reconstrucción del campo popular exige rectificaciones profundas y cambios radicales en las estrategias desarrolladas hasta ahora. La visión de que con “organizaciones de cuadros” sería posible evitar el retorno del Neoliberalismo, demostró no sólo ser errada, sino tremendamente nociva de cara a los ciudadanos de a pie.

Sin líderes locales legitimados por un correcto uso de los recursos públicos puestos bajo su custodia, y portadores del cariño y el respeto de sus representados; la derecha, los medios de comunicación oligopólicos y las grandes corporaciones con ellos asociadas, continuarán cooptando voluntades en defensa de un modelo de país excluyente y elitista.

Fallamos donde justamente nunca debimos haberlo hecho, en el terreno donde siempre fuimos los más fuertes, en el terreno electoral y social. Y lo hicimos porque no supimos convencer a una mayoría de nuestros compatriotas de que el abismo estaba a la vuelta de la esquina.

Un fracaso que nos obliga a pensar y a actuar de otro modo, le guste o no a tal o cual dirigente.

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