Los Límites Políticos del Sindicalismo.

CIRCULO 55Por
Licenciado Silvano Pascuzzo.

UNLA/UNO.

 

Movimiento Obrero, Política y Kirchnerismo

            La movilización de la Confederación General del Trabajo del día 7 de Marzo y la repercusión mediática y política de la misma, esconden, como sublimados detrás de los fulgores efímeros de los canales de noticias y de los editoriales de las radios y los periódicos, algunos problemas estructurales del Movimiento Obrero en la Argentina. Problemas que, con una mirada más extensa y menos coyuntural que la de cierto periodismo, pueden ser claramente identificados.

            En primer lugar se destaca una visión endogámica, burocrática y auto centrada de la acción sindical, que ha hecho estragos entre los trabajadores y ha definido una idea que todo dirigente gremial repite orgulloso sin detenerse a reflexionar sobre sus ambiguas y peligrosas consecuencias prácticas: “Lo esencial es la preservación de nuestras rganizaciones”. Esta cosmovisión implica que el foco – el único foco – de atención está puesto en el mantenimiento de las estructuras materiales, financieras y administrativas de cada uno de los sindicatos que componen el Movimiento Obrero; y no, en la suerte individual y colectiva del conjunto de los trabajadores y de sus familias; al fin de cuentas, la base de sustentación principal de aquello que se dice querer preservar. No es que desconozcamos el valor de las Obras Sociales y de los recursos económicos, pero intuimos – con cierta sensación de acierto – que las implicancias de éste modo de pensar son, entre otras, un “tacticismo” estéril y una actitud excesivamente dependiente del Estado y sus circunstanciales posicionamientos políticos.

            No es cierto – y conviene aclararlo – que Juan Domingo Perón recomendara a los líderes sindicales esta visión torpe y estrecha de sus obligaciones institucionales. Por el contrario, siempre les dijo que estuvieran atentos a los deseos y reclamos de las bases, así como que observaran con especial cuidado, las cambiantes e inestables correlaciones de fuerza al interior de la dinámica sociedad argentina. El escaso talento de los jefes gremiales para moverse en las arenas movedizas de la política nacional, es incluso anterior a la emergencia del Peronismo, y se remonta a la época en que el Anarco Sindicalismo era la corriente prevaleciente dentro de la clase obrera. Esa tradición de desconfianza hacia los partidos políticos, las elecciones e incluso el aparato estatal, se encuentra en la base de una especie de “capitas diminutio” de la dirigencia sindical. El propio Perón debió imponer su liderazgo a la fuerza, a pesar de las veleidades “laboralistas” de Cipriano Reyes y Luis Gay; por no traer a colación la pobre y timorata actuación del Consejo directivo de la CGT en las jornadas decisivas de 1945.

            En segundo término, hay que resaltar el particularismo casi suicida de muchos sindicatos – especialmente los más poderosos – que ha convertido al Movimiento Obrero en un conglomerado de agrupamientos diversos, inarmónicos e incluso divergentes en sus objetivos tácticos y estratégicos. La existencia de la tan mentada “Unidad” ha sido más una excepción que una regla, y los pomposos enunciados a favor de ella nunca han tenido demasiada concreción práctica. Cuando se ha dado – en los 50 con Perón en el Gobierno, con los Kirchner bajo la jefatura de Moyano y en los 80 con la de Ubaldini – ha sido siempre efímera, precaria y forzada desde fuera. La preservación de los intereses de cada sindicato ha primado siempre por sobre las estrategias de conjunto; otro síntoma de la incapacidad política de la dirigencia sindical en nuestro país.

            Finalmente, puede resaltarse una endémica falta de sensibilidad hacia las pulsiones profundas que azotan y han azotado a la sociedad, y una aguzada y a nuestro juicio sobreestimada intuición para acomodarse frente a cambios en la composición cupular del Estado y ante el recambio de funcionarios políticos y administrativos. En una relación perversa – nunca correctamente enmarcada por ellos – los dirigentes gremiales se han movido con cautela y no disimulada inseguridad frente al mundo de los candidatos y los medios masivos de comunicación; sin animarse por otro lado, a diseñar con ahínco y perseverancia una agenda propia, salida – como debe serlo – de las expectativas y los deseos de sus representados. Huerta Grande y los 26 puntos de la CGT Azopardo, demuestran una vez más, que los programas y las visiones integradoras, han sido una excepción en el devenir político e institucional del Movimiento Obrero Argentino.

            Estas y otras limitaciones políticas, alumbran – creemos – los acontecimientos del 7 de marzo, y develan su triste desenlace. La cúpula cegetista – el “Triunvirato”, los Gordos y el Moyanismo – apostaron en 2015 por la candidatura presidencial de Mauricio Macri, creyendo que los tiempos que se abrían les garantizaban gracias a reacomodamientos tácticos, un futuro plagado de éxitos y buena fortuna. Todo ello a pesar de que dicha candidatura – por Historia y por portación de apellido – implicara el seguro retorno de las corporaciones y el capital financiero al frente del Estado, como en 1976 y 1989. Lo hicieron a conciencia – y no motivados por los efectos de efluvios tóxicos debidos al uso de substancias alucinógenas – y en la creencia  – más voluntarista que real – de que el Kirchnerismo y Cristina eran parte del pasado. El resultado: el debilitamiento de las organizaciones que dicen conducir con denuedo y el repudio generalizado de quienes deberían representar.

            En la cobardía del 7 de marzo se esconden los acuerdos cupulares con Massa, más que el dinero de las Obras Sociales. Con un Gobierno jugando la estrategia del ajuste fiscal y la desarticulación de la industria, muchos de los jefes sindicales se aferran a un “Peronismo sin Cristina”, intentando convencer a la sociedad de que tienen una agenda de cuestiones estratégicas, mientras se ocupan de la televisación del fútbol y de las discusiones en torno a candidaturas virtuales para 2017. La creciente polarización entre el Macrismo y el Kirchnerismo – que todas las encuestas reflejan – los deja una vez más posicionados políticamente en el lugar más débil, con un universo de representación acotado y a merced de los deseos – nunca demasiado claros – de un vetusto conglomerado de dirigentes anacrónicos y perimidos como Eduardo Duhalde y Luis Barrionuevo, entre otros.

            Pero ¿por qué cedió el Triunvirato concediendo a sus críticos internos la realización de la marcha y la promesa de una medida de fuerza inmediata? Sencillamente porque su endeble legitimidad de origen los obligó a conciliar con la “Corriente Federal” y con algunos gremios industriales, muy golpeados por las políticas de apertura importadora del Macrismo. Todo ello a pesar de que no es una novedad la existencia de gremios combativos dentro de la CGT, alineados detrás del “Líder” supuestamente perimido. El acierto de los líderes de la Corriente al pedir definiciones y acorralar con ellas al Triunvirato, tiene su manifestación más feliz en el enojo de Pablo Moyano y en la huida grotesca de Acuña y Smith por las calles del Microcentro. Impotentes, desconcertados y faltos de reflejos, estos personajes grises e incluso brutales en la exhibición autista de su propio aislamiento, ponen ante la ciudadanía toda a la vista sus miserias y sus errores, así como su incoherencia y su falta de capacidad en la conducción orgánica de sus propias bases.

            Cristina Fernández de Kirchner lo sabía cuándo ordenó a sus seguidores concurrir a la marcha cegetista. Como buen exponente del “setentismo”, la ex Presidenta tiene inocultables prejuicios hacia la dirigencia sindical burocrática, pero al mismo tiempo una visión política mucho más realista y un instinto que le indica que es el momento de recuperar apoyos sociales perdidos, sobre todo durante su segundo mandato. Siente que lo peor ha pasado – en términos de su posicionamiento público – y espera que la propia dinámica social vaya indicando el camino a seguir frente a un gobierno inhábil, dogmático y con una evidente falta de firmeza. La ex Jefa del Estado tiene acuerdos con los líderes de la “Corriente Federal”, que ninguna de las partes oculta, y que impactan directamente en el posicionamiento de éstos en los medios de comunicación, la interna de la Central Obrera y en los convulsionados ámbitos de la interna Justicialista.

            Sergio Palazzo, Vanesa Silley, Héctor Amichetti y los otros dirigentes gremiales del espacio Kirchnerista, acertaron al presionar por la realización de la marcha del 7 de Marzo, acorralando al Triunvirato y dejándolo inerme ante su inocultable falta de decisión. Es cierto que la “Corriente Federal” expresa “otra cosa” en materia de sindicalismo, que busca reeditar – teniendo en cuenta las evidentes diferencias históricas – la experiencia de la CGTA y de la CGT combativa de los tiempos de Ubaldini, que incluso habla de “programas y de estrategias conjuntas”; pero los límites para su expansión existen y son de peso. Compuesta por sindicatos chicos, de clase media, necesita de porciones considerables de organizaciones más poderosas y la llegada de contingentes de trabajadores industriales. Crecer es siempre un reto para cualquier estructura y los acuerdos que hacen falta para confluir con otros son aún incipientes; incluso con la CTA de Hugo Yasky y Pablo Michelli. Pero el camino parece trazado, y es al menos algo distinto.

            La principal virtud sin embargo de este experimento aún débil, es su conciencia de que cuenta con carencias y límites muy precisos en materia orgánica y de recursos. Buscan sus líderes confluir con los Movimientos Sociales y las Agrupaciones Políticas en la rearticulación de un Frente Nacional y Popular que los contenga y los conduzca hacia definiciones que los rebasan, tanto por su escala como por su importancia estratégica. Y por convicción u oportunismo, el tiempo lo develará, saben que ello es imposible sin Cristina. Acaso no compartan muchas de sus formas y una porción de sus métodos, pero están consustanciados con un Proyecto de país que reivindican y defienden. Eso es mucho más que las diatribas cuasi procaces de Pablo Moyano o los escarceos discursivos de Daer y Acuña.

            La Política debe tomar nota de estos acontecimientos y en primer lugar el Partido Justicialista. Los Intendentes y Gobernadores que hace unos meses creían llegada la “Hora Undécima” de la “Renovación Democrática”, ahora dudan y se re posicionan detrás de Cristina o en apoyo de hipotéticas candidaturas alternativas. Corren sin embargo el riesgo de emular a sus pares sindicales en la prosecución de la “vía intermedia”, apoyando a Sergio Massa como solución al “problema del agotamiento social del Kirchnerismo”, una hipótesis cada vez más difícil de sostener ante la evidencia práctica que demuestra su perduración como fenómeno político relevante. Los caudillos territoriales del PJ, sagaces y atentos al devenir de los humores sociales, se encuentran también frente a un dilema: o apuestan por confluencias más amplias que incluyan a quienes apoyan a la ex Presidenta o corren el riesgo de ser desbancados de sus distritos por la derrota electoral de Cambiemos y por la dilución del Frente Renovador, sobre todo en el Conurbano Bonaerense. Dudan entre lo que avizoran como posibilidad cierta en sus localidades, y el deseo de ser protagonistas del futuro político nacional, presentándose como “lo nuevo”. El tiempo dirá cuál de estas alternativas terminará siendo la correcta, pero algo es muy claro: de su decisión depende la suerte electoral del Peronismo y la apertura de un tiempo distinto, capaz de permitir su retorno al poder en 2019.

            Por otra parte, el Gobierno sabe que algo no funciona en su estrategia, pero ya no puede volverse atrás. Los sectores más duros han impulsado la aplicación de políticas públicas erosivas para el mantenimiento incluso del voto propio, y eso crea al interior de Cambiemos los primeros cimbronazos. Macri ha demostrado ser un individuo superfluo, cínico, intelectualmente endeble y portador de una evidente impericia política; pero también – y al mismo tiempo – un personaje petulante y engreído, sorpresivamente reacio a seguir los consejos de sus asesores de imagen; sobre todo cuando demuestra raptos de inusual franqueza, y confiesa en público lo que realmente piensa.

            Es que el Presidente suele hundirse cada vez con más frecuencia en un mar de elucubraciones incorrectamente expresadas y confusamente expuestas. Avanza y retrocede, presionado por factores de poder que le han armado el Gabinete y que digitan sus decisiones con seguridad inapelable, y las muestras inocultables de un malestar social generalizado. Parece creer aún en la artificiosidad del kirchnerismo y en su ineluctable fin, con la misma ceguera y la misma pasión con la que Isaac Francisco Rojas creía en que el Peronismo era un invento de Apold y la Secretaría de Informaciones de la Presidencia. No comprende que muchos argentinos lo votaron a condición de que mantuviera intactas las políticas económicas y de inclusión de la Década Kirchnerista, y que su promesa en ese sentido le arrimó más de un voto en el momento de ganar un ballotague muy reñido. Ganó porque se comprometió a no cambiar lo esencial y ahora, con un aire refundacional que pareciera querer borrar todo vestigio del pasado reciente, rompe el contrato explícito con muchos de sus votantes más moderados y se sumerge inconscientemente en un acelerado y creciente aislamiento político, apoyándose en los humores de una minoría recalcitrantemente gorila.

            Si el oficialismo pierde la provincia de Buenos Aires – con Cristina o sin Cristina como candidata – la Gobernabilidad quedará sumamente golpeada, que las implicancias que eso tiene en un país como la Argentina. Presentar un Frente Político diverso y amplio más allá de los “puros”, parece ser la tarea de la hora, y el sector más activo y lúcido del Movimiento Obrero deberá concurrir a la cita. Aprender de los errores y escuchar a la sociedad son los requisitos para proponer al electorado un Proyecto distinto para 2019. Otro camino será no sólo inútil, sino beneficioso para quienes esperar restaurar el privilegio como sistema y la hegemonía de los intereses anti nacionales como destino. De nosotros, de todos nosotros depende el futuro.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Alejandro dice:

    Valioso aporte a la realidad (holocaustica)de las clases sociales en la Argentina o lo que queda de ellas. Ya que los 90 se caracterizaron por un extermino sistemático del NÚCLEO familiar base para conformar ELEMENTALMENTE toda sociedad y cuyos GENOCIDAS aun no fueron ni serán juzgados por los crímenes de LESA humanidad cometidos.Eso por ahora ni se PIENSA.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s