“Temo por mi familia y mi trabajo”.

CIRCULO 55

Por
Adriana Ibarra
Profesora de Educación Inicial.

 

El martes 5 de septiembre luego de regresar a Presidente Derqui desde San Miguel, donde curso la Licenciatura de Trabajo Social, aproximadamente a las 20.30 hs. llegué a la estación, y ya que debía comprarle una medicación a mi hijo, que debe tomar diariamente, me dirigí a la farmacia Álvarez, en donde habitualmente realizo la compra.

Ingresé normalmente al local, saqué número y esperé a ser atendida. Había poca gente, así reconocí a la madre de una compañera de la secundaria de mi hermana y la gente que entraba era rápidamente atendida. Las únicas que permanecimos por un lapso prolongado éramos las personas que teníamos recetas de obra social y requerían un trámite un poco más largo.

La empleada me llama para atenderme, reconociéndome, ya que siempre les compro la misma medicación. En todo momento le di la espalda a la puerta. Cuando paso por la caja veo un hombre de pelo atado y un camperón rojo, largo, de espalada, pensando que era un cliente mas, no le di importancia y seguí con lo que tenía que pagar.

Mientras continuaba con la compra y hablando con la empleada en la caja, seguía de espaldas a la puerta, siento que me tiran del cabello sacudiéndome con fuerza y no entendía nada. Cuando pude darme vuelta, atontada, veo quién es la mujer que me ataca: Es madre que realizó la denuncia contra la profesora de educación física del jardín 924, Dr. Albert Bruce Sabin, el día 16 de agosto de 216, que derivó en los incidentes y ataque al establecimiento educativo y del destacamento policial días después, el 26 agosto, donde se me amenazó de de muerte y que me iban a quemar ni domicilio entre otras amenazas, lo que generó una orden de resguardo y traslado de establecimiento educativo.

Esta mujer ingreso repentinamente a la Farmacia Álvarez, al parecer solamente para agredirme. La mujer se encontraba junto a su pareja quien la tomó por la cintura y la alejó, al escuchar que yo les pedía a las empleadas del negocio que llamaran a la policía.
La mujer mientras me golpeaba gritaba “acá está esta hija de puta, vos encubriste a la profesora” y el marido me decía “violadora”.

Yo continué pidiendo que llamaran a la policía y la pareja huyó del local. Esperé en la farmacia la llegada de la policía que me trasladó en un móvil hasta el destacamento del Barrio Monterrey a realizar la correspondiente denuncia (la cual me informaron, recae en la UFI 2). La policía me recomendó solicitar una perimetral pero recorrí todas las fiscalías solicitando asesoramiento y la única respuesta que conseguí fue que me asesore con un abogado, y lo hice, pero para que la causa se inicie tengo que pagar los honorarios y no están a mi alcance.

De parte de las autoridades de Educación de del Partido de Pilar no obtuve ninguna respuesta ni acompañamiento, solo se me insinuó que piense que sería necesario renunciar ( por parte de la inspección del nivel).

Es necesario que se ponga en acción la ley de protección al docente, ya que éste no es un hecho aislado, no es un caso de familiaridad, o de dos vecinos que no se llevan bien.
Es una situación que se desprende de un hecho gravísimo ocurrido en el seno de una institución escolar, hace ya un año, y que continúa, ya que soy docente y docente de esa institución.

Quiero justicia para todos los involucrados en esta causa y que salga la verdad a la luz. Lo sigo pidiendo, aunque los tiempos de la justicia son interminables.

Hasta la fecha no tenemos información sobre la causa, a mis pares desplazados y a mí nos aislaron hasta de la información.

Esperamos que los gremios docentes puedan colaboraran en mayor medida con la situación para un pronto esclarecimiento.

Desde un primer momento se accionó de la manera correcta, cumpliendo con todas las exigencias de la ley, por lo tanto, es necesario que nos cuiden.

Yo vivo en Presidente Derqui desde que nací, aquí crecí, estudié, hice mis amigos, trabajo aquí y no es lógico que después de diez años de dar todo por mi trabajo en el Jardín de Infantes N° 924, tenga miedo de salir a hacer mi vida cotidiana, porque al parecer para el Sistema soy sólo un número …. Que no vale la pena cuidar.

Total, se va un maestro y vienen diez.

Por qué tengo que irme de mi casa, dejar lo poco que tengo y que conseguí con esfuerzo, trabajo y estudio. ES LÓGICO?

¿ES JUSTO vivir con MIEDO, sabiendo que siempre se actuó de la manera adecuada?
Necesito que las autoridades nos den protección. Yo no soy un número, soy una Maestra y madre que sabe lo que genera que un hijo esté mal o sufra, eso no me da derecho a agredir a nadie, por eso me reúso a ser una estadística de otro maestro agredido y quedar en el olvido.

Temo por mi familia, por mi y por mi trabajo, ya que es la única entrada económica que tengo.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. griselda dice:

    Mucha fuerza Adriana hay que seguir pidiendo el esclarecimiento del caso para q esto no siga sucediendo,esta vez fue leve la agresion,que hay que esperar??????!!!!No bajes los brazos!!!,tu hijo te necesita,tus padres y toda tu familia igual.Es muy vergonzoso que te pidan que renuncies por no querer accionar como deben tus superiores!!!!Donde esta la vocacion de estas personas.Justicia ya!!!!!!!!!

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